Las bellas adolescentes que usaban minifalda en los 60 ya no pueden lucirlas porque quedarían ridículas. Aquellos hombres que escandalizaban con su pelo largo en los 70 hoy están canosos o pelados.
Llega un momento en la vida en que te das cuenta de que a alguien más joven que vos le están sucediendo cosas similares a las que te pasaron hace ya varios años atrás. O tal vez muy distintas, porque en los 60, ni los 70, ni en los 80, ni en los 90 existían la banda ancha y las redes sociales, por sólo citar un ejemplo.
Me pregunto entonces: ¿Qué pasa cuándo se pierde esa otredad? Cuando se cree que el pelo largo era una rebeldía más valiosa que el piercing. Cuándo se cree que uno pertenece a la única generación que hizo las cosas bien y eso da derecho a la perpetuidad. Cuando el otro se convierte en un ser incomprensible y casi despreciable. Por inexperto, por enérgico, por desmedido, por tener otros códigos culturales…..por joven!!!!!
En el momento en que te das cuenta de que a alguien más joven le están sucediendo cosas similares a las que te pasaron a vos podés elegir otra cosa que no sea avinagrarte. Porque estás en condiciones de acompañar a que transiten por experiencias que vos ya transitaste. O si lo que sucede es que te dás cuenta que no podés comprender su preocupación o su accionar porque el mundo cambió demasiado tenés la oportunidad de no juzgarlos.
Y luego llegará otro momento en que estés en condiciones de dar un paso al costado, o serán varios pasos que se irán dando de a poco.
Cuando nos llegue la hora tod@s podremos elegir no ser viejos vinagres.
Imagen: obvio, Luca Prodan.

Excelente pensamiento, concuerdo plenamente Carla.-
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